1.2.3. Las unidades exteriores a la Meseta
1) Las cordilleras exteriores a la Meseta.
Entre ellas se encuentran las cordilleras más jóvenes y elevadas de la Península. Se formaron durante la orogénesis alpina, en la Era Terciaria, cuando los potentes sedimentos calizos acumulados en el fondo del mar tropical que rodeaba entonces los restos del Macizo Ibérico se plegaron contra ellos, empujados por el acercamiento entre Eurasia y África. Eso explica el afloramiento de materiales paleozoicos entre estas unidades de relieve predominantemente calizas.
a) Pirineos. Los Pirineos se extienden por toda la frontera hispano-francesa entre el País Vasco y la costa catalana. Forma una cordillera de plegamiento muy abrupta. Presentan dos zonas muy diferentes.
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En el Macizo de la Maladeta se encuentran las mayores cumbres del Pirineo. Imagen de Luke Pennington en Flickr. Licencia CC. |
- Zona axial: Constituye el eje central de los Pirineos, de este a oeste. En él se encuentran los picos más altos de la cordillera, como el Aneto (3.404 m.) y el Maladeta (3.308 m.). Está compuesta fundamentalmente por materiales paleozoicos, sobre todo granitos. No obstante, también hay algún importante afloramiento calizo, como el formado por el Macizo del Monte Perdido. Es la zona de España donde con mayor claridad pueden observarse relieves glaciares recientes.
En el macizo calizo del Monte Perdido se encuentra el Valle de Ordesa, con su característico perfil de valle glaciar (izquierda) cerrado en su tramo superior por un circo glaciar (derecha).
Imágenes de E. Crespo en Flickr (izquierda; derecha). Licencia CC. - Prepirineos: Está compuesto por los materiales sedimentarios calizos de origen marino. Forma relieves más suaves. En su vertiente española una depresión intermedia longitudinal separa dos partes: las sierras interiores y las sierras exteriores, más bajas que las anteriores.
b) Cordillera Costero-Catalana. Forma dos alineaciones montañosas paralelas a la costa catalana, separadas entre sí por la fosa tectónica del Vallès-Penedès. La cordillera constituye una prolongación hacia el sur de los Pirineos catalanes, formada por el contacto de las calizas marinas, predominantes en el sur, con los materiales paleozoicos, que afloran en el norte. Hay también restos de un importante vulcanismo en el Ampurdán. Las principales sierras se encuentran en la alineación montañosa interior, destacando Montseny y Montserrat.
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Sierra de Montserrat. Imagen de David Iliff en Wikimedia Commons. Licencia CC. |
c) Sistemas Béticos. Situados al sur del valle del Guadalquivir, forman un conjunto montañoso muy complejo desde el punto de vista estructural y morfológico. Se puede dividir en dos grandes unidades de relieve, la Cordillera Penibética y la Subbética, separadas por la depresión intrabética, un conjunto de depresiones rellenas con materiales terciarios y Cuaternarios (hoyas de Ronda, Antequera, Guadix y Baza). Son tierras arcillosas áridas, en las que se dan los badlands.
- Cordillera Penibética: Se extiende a lo largo de la costa entre el Estrecho de Gibraltar y Murcia. Está formada por rocas paleozoicas, tanto metamórficas como sedimentarias, que formaron parte de una pequeña placa continental en la Era Primaria. Durante la orogénesis alpina estos materiales fueron empujados desde el este por el actual Mediterráneo, levantándose y chocando contra el Macizo Ibérico. En ese movimiento, arrastraron delante de sí la cobertera sedimentaria que con el tiempo los había recubierto. Pese al predominio de los materiales de la Era Primaria, también los hay de las Eras Secundaria y Terciaria, que llegan a predominar en la zona del Campo de Gibraltar. Muestra sus mayores elevaciones en su lado oriental, culminando con Sierra Nevada, donde se encuentran el primer y tercer pico de mayor altitud de la Península: el Mulhacén (3.478 m) y el Veleta (3.395 m).
Sierra Nevada es el sistema montañoso más elevado de la Península.
Imagen de Mark Chinnick en Flickr. Licencia CC. - Cordillera Subbética: Son un conjunto de serranías, a menudo separadas entre sí, que se extienden entre la Penibética y el Valle del Guadalquivir desde Cádiz hasta Alicante. Está formada por materiales de la Era Secundaria y Terciaria. Surgió de los sedimentos calizos marinos que fueron plegándose en la zona externa de la cordillera bética. De ahí, que forme relieves menos plegados que la Cordillera Penibética. La alternancia de materiales rígidos (calizas) y plásticos (arcillas, margas) hizo que, al empujarlos la Penibética hacia el norte y plegarlos, surgieran mantos de corrimiento. Es decir, algunos de los pliegues más elevados se encabalgaron sobre otros de menor dureza y fueron desplazados muchos kilómetros hacia el norte. Esa es la causa de que las serranías subbéticas aparezcan como un conjunto desordenado de sierras separadas de la Penibética que originalmente estuvo bajo ellas. Destaca en estas sierras la presencia de relieves cársticos. Las principales sierras son Grazalema, Ubrique, Cazorla y Segura.
Típico paisaje calizo subbético en la Sierra de Grazalema.
Imagen de jepeto en Flickr. Licencia CC.Estratos calizos plegados en el río Borosa (Sierra de Cazorla).
Imagen de elaboración propia.
2) Las depresiones exteriores a la Meseta.
Se trata de las dos grandes depresiones prealpinas que constituyen el pliegue cóncavo correspondiente al pliegue convexo de los Pirineos y los Sistemas Béticos. Originalmente estuvieron cubiertas por el mar y posteriormente fueron rellenándose con sedimentos terciarios y cuaternarios (arcillas...). Sin embargo, son muy diferente entre sí.
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Los Mallos de Riglos (Huesca), una formación geológica característica de la depresión del Duero. Imagen de Centelleja en Flickr. Licencia CC. |
a) Depresión del Ebro. Se formó por el hundimiento durante la orogénesis alpina de un antiguo macizo paleozoico. Durante mucho tiempo fue un gran lago interior, separado del mar por la Cordillera Costero-Catalana. Solo a finales del Terciario el Ebro logró abrirse paso a través de las montañas. Esto hace que en la depresión del Ebro, todavía hoy muy cerrada a la influencia marina, predominen los sedimentos gruesos de origen fluvial (conglomerados...) sobre los finos sedimentos marinos, especialmente en la zona periférica de la depresión. Morfológicamente destacan los somontanos o piedemontes, relieves inclinados formados por estos conglomerados, los mallos, torreones rocosos preservados de la erosión, y relieves diferenciales, con mesas o muelas donde se conservan las calizas superficiales, y badlands donde estas han desaparecido.
b) Depresión del Guadalquivir. Es una larga depresión triangular formada en la concavidad entre Sierra Morena y los Sistemas Béticos. Frente a la depresión del Ebro, siempre ha estado abierta al mar, por lo que ha sido frecuentemente ocupada por él durante las fases de transgresión marina hasta muy recientemente (en términos geológicos). Los últimos restos de esta relación fluctuante con el mar siguen siendo observables en las marismas de Doñana y otras marismas costeras (ej. Odiel). La apertura al mar ha hecho que predominen aquí los sedimentos marinos, alternándose capas de caliza cuaternaria con rocas de tipo arcilloso. Esta alternancia ha dado una gran importancia a los relieves diferenciales: terrazas fluviales, mesas (llamadas aquí a menudo alcores), cerros testigo y campiñas. La mayor afluencia de sedimentos fluviales desde los Sistemas Béticos que desde la dura Sierra Morena ha tendido a encajar al Guadalquivir al pie de ésta, en el extremo norte de la depresión.
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Parte alta de la depresión del Guadalquivir vista desde Baeza (Jaén). Imagen de Mihael Grmek en Wikimedia Commons. Licencia CC. |
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