1.1.2. La formación del relieve español
La corteza terrestre está formada por rocas, es decir, agregados minerales. La litología es la ciencia que las estudia, pero en Geografía también usamos este nombre para aludir al roquedo, o conjunto de rocas característico de una región. La corteza terrestre está fragmentada en una serie de bloques más o menos rígidos, llamados placas tectónicas, que se desplazan sobre la estructura viscosa del manto. Allí donde la presión del manto aumenta, las placas se separan, generando fenómenos volcánicos en los que la roca en estado líquido o viscoso sale a la superficie, donde se enfría y solidifica rápidamente. Surgen así las rocas volcánicas, entre las que destaca el basalto.
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Mapa de las principales placas tectónicas. Imagen de USGS y Daroca 90 en Wikimedia Commons. Licencia CC. Pulsa aquí para ampliar. |
Las placas desplazadas por este nuevo material chocan con otras. El choque produce movimientos tectónicos. Cuando las rocas sometidas a esta presión son suficientemente plásticas (o sea, deformables) se pliegan, formando cordilleras de plegamiento. Cuando son demasiado rígidas o la presión es excesiva se forman fallas (fracturas de rocas en las que se da un desplazamiento entre los dos bloques que se separan) y relieves de tipo Horst y Graben, provocados por la fractura de rocas rígidas en bloques levantados (Horst) y hundidos (Graben), separados por fallas. A veces el choque entre placas sólo pliega y rompe la superficie, pero en otras una placa se superpone a la otra, que se hunde fundiéndose y reintegrándose al manto. En estas ocasiones también se da vulcanismo. El proceso de formación de relieves, tanto por fenómenos volcánicos como tectónicos, se llama orogénesis u orogenia.
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Esquema del funcionamiento de la tectónica de placas. Imagen de USGov en Wikimedia Commons. Dominio público. |
Al levantar materiales rocosos que se encontraban en el interior de la corteza terrestre, los movimientos tectónicos hacen que afloren a la superficie rocas formadas en el interior de la Tierra (endógenas). Hay dos tipos fundamentales. Las rocas plutónicas son rocas formadas, como las volcánicas, en el interior de la Tierra, pero que se han enfriado y solidificado lentamente antes de subir a la superficie. Son rocas de textura granulosa, compuestas por la aglomeración de minerales cristalizados. El ejemplo más típico es el granito.
Por otro lado se encuentran las rocas metamórficas. Son rocas de cualquier origen que en un momento dado son sepultadas bajo la corteza terrestre, transformándose por efecto de fuertes presiones, altas temperaturas o la presencia de fluidos con composición química diferente. Muchas de ellas tienen un aspecto laminado, como las pizarras o el gneis. Otras tienen un aspecto cristalino, como el mármol.
Toda roca que llega a la superficie terrestre queda sometida al proceso de erosión, que consiste en la lenta disgregación de la roca por efecto de la acción mecánica y química del aire, los cambios de temperatura, el agua, la acción biológica, etc. Por otra parte, los materiales disgregados tienden a acumularse en las zonas más bajas, dando lugar al proceso de sedimentación, proceso por el cual los materiales rocosos desagregados por la erosión se compactan formando una nueva roca. El resultado son las rocas sedimentarias, cuyo ejemplo más típico son las calizas. Dado que la orogénesis levanta rocas antiguas del interior de la corteza, que la altitud incrementa la erosión y que los materiales superficiales, generalmente sedimentarios, son más blandos que los formados en el interior de la corteza, es frecuente que en las cimas de las montañas aparezcan en superficie rocas de mucha mayor antigüedad que en los valles que las rodean.
El territorio español es el resultado de una larga evolución geológica. a través de la cual todas estas fuerzas han sido puestas en juego. Podemos dividirla en varias etapas principales:
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Imágenes de elaboración propia | ||
1) Los materiales rocosos más antiguos que afloran (es decir que emergen a la superficie) en la actual Península proceden del período precámbrico, hace más de 540 millones de años. Se distribuyen por el oeste de la Península, especialmente en la actual Galicia.
2) El primer fenómeno geológico que ha contribuido en gran medida a configurar la actual Península fue la orogénesis herciniana o varisca, que se dio a finales de la Era Primaria o Paleozoico , alcanzando su máximo nivel hace unos 350-300 millones de años. La orogénesis herciniana fue el resultado de las enormes presiones tectónicas provocadas por la unión de todos los continentes entonces existentes en un único supercontinente, Pangea. En el caso de la península, ello supuso el choque entre las placas tectónicas de los continentes de Euroamérica y Gondwana. El movimiento levantó una gran cordillera, cuyos restos en la Península reciben el nombre de Macizo Ibérico o Hespérico. Es el núcleo de la actual Meseta Central, aunque la vieja cordillera herciniana tiene también afloramientos más al este y al sur.
3) Hace unos 225 millones de años comenzó la Era Secundaria o Mesozoico. Es una fase relativamente tranquila desde el punto de vista tectónico, en la que predominaron los procesos de erosión y sedimentación. A lo largo de este tiempo la erosión arrasó el Macizo Ibérico, que se convirtió en el zócalo de la Península, es decir, la base o cimiento sobre el se han ido generando los relieves posteriores. Al principio del período, la actual Península formaba parte del litoral oriental de Pangea, por lo que estaba inclinada hacia el este. De ahí que los restos sedimentarios de su propia erosión se acumularan en su fachada oriental y que las sucesivas subidas del nivel del mar la sumergieran a menudo, creando potentes capas de sedimentos sobre ella. Más tarde, al abrirse el Océano Atlántico y romperse Pangea, Iberia se convirtió en una pequeña placa continental, rodeada por el mar y sometida a frecuentes transgresiones marinas (o sea, inundaciones costeras), que siguieron acumulando sedimentos marinos en sus fachadas septentrional y oriental.
4) Desde finales de la Era Secundaria (hasta hace 65 millones de años) comenzó un nuevo movimiento tectónico, la orogénesis alpina, provocada por el choque de las placas africana e india contra la placa euroasiática. Las convulsiones de la orogénesis alpina caracterizan la Era Terciaria, culminando en la Península hace 50-20 millones de años. La orogénesis alpina comprimió la placa ibérica entre la africana y la euroasiática. Como resultado, las profundas capas de sedimentos que se habían acumulado en el fondo marino en torno al Macizo Ibérico se plegaron, levantando las grandes cordilleras alpinas de plegamiento (Pirineos, Cordilleras Béticas) y hundiendo ante ellas las depresiones prealpinas (Valles del Ebro y del Guadalquivir). En los puntos en los que el contacto con el rígido macizo Ibérico impidió a los sedimentos marinos plegarse libremente se formaron las cordilleras alpinas intermedias (Sistema Ibérico, Cordillera Cantábrica Oriental). La presión hizo además que se abrieran numerosas fallas en el Macizo Ibérico, generando relieves de tipo Horst y Graben. Los bloques que se elevaron formaron los macizos antiguos de los rebordes de la Meseta (Sierra Morena, la Cordillera Cantábrica Occidental, Macizo Galaico y Montes de León) y de su interior (Sistema Central y Montes de Toledo), mientras que los bloques hundidos generaron las actuales depresiones interiores del Duero, Tajo y Guadiana. Todo el Macizo Ibérico, por otra parte, basculó (o se inclinó) hacia el Atlántico, configurando la actual red fluvial. Finalmente, la presión tectónica generó entre este período y la Era Cuaternaria una intensa actividad volcánica en el Campo de Calatrava, Ampurdán y Cabo de Gata. Frente a la costa atlántica africana, la actividad volcánica creó el archipiélago de las Islas Canarias.
5) La Era Cuaternaria, que se inició hace unos 2,6 millones de años, ha sido una era tranquila desde el punto de vista tectónico. Los principales elementos configuradores del relieve han sido la erosión y sedimentación, los cambios de nivel del mar y la sucesión de glaciaciones y deshielos, además de los últimos fenómenos de vulcanismo. La erosión ha vuelto a redondear los relieves de los macizos antiguos y las cubiertas calizas de las cordilleras de plegamiento. Por su parte, la sedimentación ha ido colmatando materiales recientes en las depresiones interiores y costeras. Predominan en esta zona rocas sedimentarias jóvenes y blandas. Las fluctuaciones en el nivel del mar han hecho que en las depresiones abiertas al mar, como el Valle del Guadalquivir, se alternen en el roquedo capas de sedimentos más gruesos, originados en tierra, con capas de sedimentos marinos, más finos y de características diferentes, creando un relieve en terrazas. Finalmente las sucesivas glaciaciones han ido excavando relieves glaciares (circos glaciares, valles en forma de U y lagos glaciares), que durante la fase de deshielo se han adaptado a la erosión del agua líquida (valles en V).
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Esquema de relieve glaciar. | Glaciar alpino de Aletsch (Suiza). Imagen de Dirk Beyer en Wikimedia Commons. Licencia CC. |
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